Los Mandarines de la Ciencia
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Se cumplen 50 años de la conferencia del inglés C.P. Snow sobre "Las Dos Culturas" en la que lamentaba la hegemonía de la "cultura literaria" sobre la "cultura científico-empírica". Como se puede ver en este artículo, todavía hay quienes siguen soñando con el día en que los científicos reemplacen a los políticos. Otros, como John Brockman, hacen su Agosto editando "best-sellers" de divulgación científica y promoviendo desde alguna fundación el advenimiento de una supuesta "Tercera Cultura", la de los "Científicos Humanistas" que educan al público (casualmente los que él edita).
Parafraseando a J.M. Keynes podríamos decir que los científicos que se creen libres de influencias literarias son generalmente esclavos de algún filósofo ya muerto. En este caso Platón, quien soñaba con expulsar a los poetas de su República ideal. Él también aspiraba a terminar con los difusores de mitos y reemplazarlos por cultivadores del pensamiento riguroso (el suyo, claro).
Pero desde que Thomas Khun publicara "La estructura de las revoluciones científicas" (1962), sabemos que los científicos se aferran a ideas erróneas (paradigmas) por muchas razones subjetivas (orgullo, prestigio, interés y hasta fé religiosa). Algunos "evangelizadores" de la divulgación científica son patéticos, como esos etólogos que estudiando a las palomas dictaminan sobre la organización social humana. Los biólogos podrán seguir escaneando la actividad cerebral y registrando los cambios hormonales, seguramente con gran provecho para la Humanidad. Pero difícilmente avanzarán un centímetro más allá en la comprensión (y el control) de las Pasiones de lo que lo hicieron Shakespeare y Freud.
Allí donde nos pensamos, no somos. Un animal no se piensa: es lo que sus instintos le indican. Nosotros lidiamos con una carga inconsciente que nos lleva a tropezar y a actuar contra nuestras intenciones conscientes, burlándose de nuestra racionalidad una y otra vez. Y cuando más nos enfundamos en certezas positivistas y dogmas es cuando más fácilmente perdemos contacto con lo Real.
La humilde aceptación de nuestra radical incompletud, de la provisoriedad de nuestras certezas sería, ya, un saludable principio de realismo. Lo cual no quiere decir que no se pueda conocer y avanzar (el agnosticismo absoluto es autocontradictorio). Sólo significa que el conocimiento certero de una región parcial de la realidad no da derecho a creer que se ha llegado al dominio de la Totalidad. Y -sobre todo- que extrapolar ese conocimiento a regiones ajenas a nuestro saber es sumar soberbia a la ignorancia.





los sacerdotes se niegan a morir. mientras la palabra, plástica y maleable, reemplace al número, seguiremos por esta senda de errores.
y es muy poco lo que se puede hacer - solamente, seguir buscando de manera racional, y contando lo que se va encontrando, aunque no les guste a los que despotrican sentados en sus sillones y que creen “avanzar” sólo pensando.
saludos!
Comment by frank h. — August 18, 2009 @ 11:05 am
“Errare humanum est”. El átomo y los planetas pueden llegar a ser dominados por el número. Las pasiones humanas, lo dudo. Un abrazo.
Comment by Bob Row — August 18, 2009 @ 4:52 pm